Lo de conseguir una pareja estable y que a ser posible permanezca unida a lo largo de toda su vida, de momento, es un privilegio reservado para la mayoría de las especies animales, pero no para nosotros, que somos unos ‘pedazos’ de promiscúos.

Así que alejándonos de los estereotipos al uso, eso de dedicarle tiempo y paciencia para cultivar ese huerto de la permanencia, un grupo de investigadores se propuso ponerle un poco de ‘ciencia’ al asunto. Así que, armados con unos electrodos, un cuestionario y el grupo de ‘cobayas’ necesarios se propusieron desentrañar los misterios de la relación duradera.

A través de los electrodos iban comprobando las respuestas en función del flujo sanguíneo, la presión arterial, el sudor y la frecuencia cardíaca.  Más o menos, y para que nos entiendan, los sentaron ante un particular polígrafo.

Después de seis años de trabajo, uno de los autores del estudio, el psicólogo John Gottman, determinó que dos son los dos ingredientes básicos que tenemos que poner en la pareja para que está no se rompa: bondad y generosidad.

Tampoco había que desgranarse mucho la cabeza para conlcuir esto ¿no?

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