Yo no se si serán de esos que cuando salen de casa y se alejan de su camita no son capaces de pegar ojo. Habitualmente nos refugiamos en que no es nuestra almohada -a la que estamos tan acostumbrados- ni nuestro colchón, y por eso dormimos mal.

Y sin quitarle razones a este argumento, ha de saber que esa zozobra que nos persigue, al menos, durante la primera noche se debe al funcionamiento de nuestro cerebro, en concreto al hemisferio izquierdo, que se activa de manera inconsciente cuando abandonamos las tradicionales zonas de confort, y cambiar de domicilio representa una situación nueva.

Según un nuevo estudio publicado en Current Biology, ese lado del cerebro se mantiene más atento al sonido cuando dormimos y, de alguna manera, más “despierto”. Conocido como “efecto de la primera noche”, es el responsable de la falta de sueño y de que descansemos mal en esa primera noche.

Luego, una vez que nuestra mente se ha ‘acostumbrado’ a ese nuevo entorno e identificados todos los problemas que nos pudieran causar estrés, los procesamos y convertimos ese lugar en sitio de confort, es decir, que nos relajamos y nos dejamos abrazar por morfeo.

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