De cuando en cuando, en esos momentos ociosos que todos tenemos en nuestra existencia, me doy una vuelta por el refrigerador por ver que encuentro para picar. En función de ‘las hambres’ reales o de la presión de las dietas, acabo decantándome por tomar una pieza de fruta o de verdura fresca a la que hincarle el diente.

Y no se si es por la temperatura o por no se qué razón, el caso, es que últimamente compruebo como que no me saben igual. Afortunadamente, no se trata de una preocupación personal y la Ciencia también se ocupa de ello.

Según un estudio publicado en  Proceedings of the National Academy of Science afirma que enfriar, por ejemplo los tomates por debajo de los 12 grados centígrados, provoca que no generen determinadas sustancias que contribuyen a mejorar su sabor.

Y la cosa tiene que ver con sus genes, en concretos los implicados en la madurez, que literalmente dejan de trabajar si han pasado por cámaras frigoríficas a 3ºC. Y no se recuperan aunque luego los mantengamos a temperatura ambiente.

Algo parecido le ocurre a las frutas.

Además, en el estudio se afirma que más de tres días en la nevera a esas bajas temperaturas resultan letales para su sabor. Así que ya saben, tres es cifra que deben retener en sus cuentas cuando vayan a la compra. A partir de entonces, esos alimentos frescos se pueden consumir, pero sin todo su aroma y sabor.

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