“A falta de pan, buenas son tortas”… un refrán que en estos tiempos de crisis habría que traducir, si no puedes tener bienes materiales, concéntrate en viajar. Según los psicólogos al uso y los estudiosos de los mecanismos cerebrales de recompensa, lo de coger la maleta y ponerse a recorrer el mundo acaba siendo una fábrica de recuerdos placenteros que nos acercan a la felicidad.

La investigación, publicada en el “Journal of Positive Psychology”, sostiene que frente a la gratificación momentánea que se obtiene cuando compramos un objeto material, el hecho de crear experiencias, lo que teóricamente hacemos cuando viajamos -y no me digan que son de esos que viajan para ir de compras- perdura para siempre, lo que nos acerca a la felicidad.

“Compramos cosas para ser felices, y tenemos éxito, pero solo por un tiempo. Las cosas nuevas son emocionantes para nosotros al principio, pero luego nos adaptamos a ellas”, explica el investigador Thomas Gilovich.

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