Los ojos rasgados propios de los pobladores del continente asiático resultan un elemento distintivo como raza. Ahora bien, todavía los científicos no se han puesto de acuerdo en explicar este pliegue del epicanto que los hace tan peculiares y que les tapa parte del lacrimal.

Hay teorías evolucionistas o antropológicas que aseguran que esta curiosidad es sencillamente una cuestión de adaptación -evolución- de los ojos de habitantes que tenían que soportar una radiación UV extra y a las bajas temperaturas del Asia Central (más o menos hace 18.000 años).

A partir de ahí, los portadores de esta variante originaria de lo que hoy conocemos por Mongolia se fueron expandiendo por todo el continente dando lugar a esta variante dentro de la raza humana.

Los chinos, nacionalistas ellos, prefieren creer en la existencia de una variedad de homo erectus, en concreto del homo erectus pekinensis, que contaría con esta peculiaridad anatómica y que posteriormente, al mezclarse con el sapiens, se la traspasaría a sus descendientes.

NI que decir tiene que la mayoría de los antropólogos rechazan esta teoría.

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