Nos vamos al espacio. Mejor dicho, nos adentramos en el complejo mundo de las misiones espaciales y de la vida en el espacio. No, la de los extraterrestres no, sino la de los astronautas. Además de los problemas derivados de la vida en gravedad 0, uno de los aspectos del día a día que más preocupa a los equipos auxiliares es conseguir que duerman y descansen.

De momento se apañan con los somníferos. El problema tiene su miga. Por ejemplo, los que trabajan en la estación internacional viven un día y una noche cada 90 minutos. Es decir que no existe bien diferenciado la noche y el día, y la luz solar es la que actúa sobre nuestro cuerpo para decirnos que es el momento de dormir o de levantarse (básicamente a través de la segregación de melatonia).

En general, los astronautas viven en un entorno de luz artificial, que además tiene un espectro diferente al solar.

Como comentábamos, de momento acuden a las pastillas para que descansen durante ocho horas por jornada. Eso mientras la NASA estudia el espectro de las bombillas que utiliza para intentar adaptarlas al solar y conseguir, aunque sea de manera artificial, emular al sol y ‘crear’ un día y una noche que les permita segregar la melatonia necesaria de manera natural y regular su descanso.

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