resaca

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A menudo, al llegar a casa de madrugada tras una noche de excesos de alcohol, mi mente duda entre tirarme en la cama y rezar por no tener una resaca de libro al despertarme o dirigirse directamente a atracar la nevera, porque me asalta un hambre feroz.

Y no crea que se trata de un raro. Es uno de los efectos que provocan los desfases con el alcohol. Está siendo presa de un ataque -moderado- de hipoglucemia. Porque una de las consecuencias de la ingesta descontrolada de alcohol es variar los niveles de azúcar en la sangre. Los niveles de glucosa descienden y el cerebro nos manda señales de que hay que reponerlos.

De hecho bajan porque esas reservas de glucosa se están utilizando para metabolizar ese exceso de alcohol y de ahí que se desaten sobre todo las ganas de comer carbohidratos: o sea, pasta, pizza o cualquier cosa que tenga pan.

En cualquier caso, los expertos recomiendan que a pesar de las señales que te manda el cuerpo, no te atiborres, y que tomes unas galletas o una pieza de fruta, que a la postre resultan más rápidas para equilibrar los niveles de glucosa.

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