No vamos a insistir en lo obvio: añadir frutas y verduras a la dieta contribuye a procurarnos el equilibrio necesario para tener una dieta saludable. Pero no todo pasa por poner un tono verde a nuestras comidas. Añándale color.

Por ejemplo amarillo. Productos como el plátano, la patata o la piña cuentan con indudables beneficios para la salud. Este tipo de verduras y frutas destacan por su elevado contenido en fibra, hidratos de carbono, agua y betacarotenos -los responsables de su color-.
Los betacarotenos nos ayudan a asimilar la vitamina A. Ya saben la que nos ayuda a conservar la piel, los ojos o el pelo. Además, los alimentos ‘virados’ al amarillo son ricos en vitamina C – lo que supone un extra necesario para nuestro sistema inmunológico y en antioxidantes -lo de combatir a los radicales libres y evitar el envejecimiento celular-.

Y por seguir con los consejos, para aprovechar sus propiedades lo más adecuado es consumirlos frescos, simplemente dándole una buena lavada. Que no solo la fruta se puede comer cruda, también las verduras. Y ya saben que al cocinarlos se pierden propiedades.

La alimentación puede resultar divertida, es cuestión de ‘ponerle un poco de color’. Hoy hablamos de los amarillos, pero los rojos y, por su puesto los verdes, también son ricos en propiedades. En lo tocante a la mesa y dado que comemos con la vista, de lo que se trata -sobre todo para los más peques- es darle un toque de imaginación.

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