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Estas Navidades muchas familias se habrán regalado una tierna y joven mascota para los niños, para los abuelos, para los solteros. En mi compromiso y particular cruzada porque ninguna de ellas acabe dentro de pocos meses vagando por las calles o encerrada en una perrera escribo este post.

Huyendo de los argumentos al uso, rebuscando entre la literatura científica, encuentro uno que espero que sea una piedra de toque para quienes se estrenen con una mascota. Se trata de la primera investigación realizada en España que afirma que los problemas de conducta son la causa principal de abandono de animales en nuestro país. Y si es un problema de conducta, nos afecta a nosotros tanto como a ellos.

Los resultados del análisis apuntan como excusa para el abandono una serie de comportamientos indeseados por parte del peludo. A saber, a los canes se les rechaza por romper cosas, demostrar agresividad o no controlar esfínteres, a las que yo añadiría ladrar en exceso. Las mascotas felinas se ven abocadas al desamparo por marcar su territorio casero con su orina, maullar y arañar muebles. Dejando a un margen que todas estas conductas son las propias de su condición animal -que no son peluches, sino seres vivos con unas pautas marcadas por la evolución- la solución pasa por cambiar esos hábitos, y eso solo se consigue si reciben un mínimo de ayuda por nuestra parte. Animo a los nuevos dueños a que dediquen cierto esfuerzo a educar a sus nuevos compañeros.

Requiere paciencia y tiempo y ya sabemos que de cachorros son tan irresistibles que se les consienten conductas que consideramos graciosas, pero que si perseveran en el tiempo pueden resultar insoportables. Sea responsable y piense que, en el peor de los casos, si decide deshacerse de su mascota las probabilidades de adopción se multiplican si goza de buena educación. Esto es lo que consideran los investigadores, que recomiendan la castración, sobre todo de gatos, para evitar esa manía de hacer pis por sus dominios.

Y si lo hace, deshacerse de ellos, hágalo en una protectora y no en la calle para que lo encuentren los de las perreras. Ahora que todavía goza de las monadas del pequeño y lo quiere, piense que si acaba en una perrera, a los diez días será sacrificado si no encuentran a su dueño. Y la decisión última la toma un veterinario, así lo denuncian algunos profesionales con más escrúpulos, a quienes su ética les ha costado el puesto. La eutanasia solo debe servir para ayudar a un animal que sufre y no para dejar hueco en unas instalaciones.

Las perreras ademas no cuentan con las debidas medidas sanitarias para evitar la protección de algunas enfermedades de transmisión animal, otro foco de muerte para los pobres animalillos desamparados. Las protectoras y los veterinarios aconsejan, además del control de enfermedades, la esterilización; pero claro, eso es más caro que el sacrificio.

Por ello nacieron las protectoras, los voluntarios y las casas de acogida. Su labor proporciona a la gran mayoría de los perros y gatos un nuevo hogar, casi siempre en el extranjero. Los españoles solo adoptamos cerca de un 6%. España es diferente.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

 

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