sueño y tv

El ritmo cotidiano con el que vivimos en Occidente hace que el mejor momento para conciliar el sueño suceda cuando nos sentamos plácidamente en el sofá del salón a ver la tele tras una jornada agotadora de lucha por la supervivencia. Imágenes y voz en no muy alta voz que hacen que entremos en un estado de semi inconsciencia que acaban por llamar a Morfeo.

Hay quien se acostumbra a esta manera de dormir de tal modo que acaba por instalar un aparato en su dormitorio a modo de nana diaria. Hasta ahora, está práctica bastante común no había sido estigmatizada más allá de los ahorradores de energía eléctrica que entienden un despilfarro el mantener prendido el aparato durante la noche.

Ahora, un estudio, asegura que además de gastar energía, esta práctica nos predispone a la depresión. Los autores del estudio, que ha sido dado a conocer en San Diego, en la reunión anual de la Sociedad para la Neurociencia, aseguran que la luz que emerge del aparato provoca modificaciones negativas en el cerebro.

Esta luz y cualquier otra, actúa negativamente durante el periodo de sueño a nuestro hipotálamo, la región cerebral donde entre otras funciones, se regula la depresión. “Una luz débil por la noche es suficiente para provocar un comportamiento depresivo en los hámsters, que podría explicarse por los cambios que observamos en su cerebro después de ocho semanas”, dijo  Tracy Bedrosian, una de las autoras del estudio.

El estudio vuelve a recordarnos que los humanos, como la mayoría de los animales diurnos, no somos inmumes a cualquier luz, por pequeña que sea, cuando llega el momento de descansar, que altera la naturaleza del sueño y tiene consecuencias nefastas en sus funciones reparadoras.

El estudio sin duda, es un aviso para todos y en especial para los padres, que de manera más o menos habitual, se dejan vencer por los temores de los más pequeños a la oscuridad y prenden luces tenues en sus habitaciones para que puedan dormir. Pero además de modificar estos hábitos, también debiera hacer reflexionar a quienes trabajan de noche y duerman de día y se procuren de las mejores condiciones posibles de oscuridad cuando les toca el turno de dormir.

Está claro, que ir contra lo que la Naturaleza manda no es una decisión inteligente y que la noche se ha programado para el sueño.

Anuncios