Tamaño

“Aunque en rigor no es mejor, por ser mayor o menor”… decía el estribillo de una canción del cantautor recientemente desaparecido Javier Krahe. Efectivamente, para los que no la conozcan, era un canto en defensa del tamaño de su miembro viril que hacía el irónico vate.

Y ciertamente, “aunque no está su tamaño, en honor a la verdad, fuera de la ley de la gravedad”, este asunto ocupa la actividad de los curiosos científicos, que además de preocuparse por otras leyes más decisivas para nuestra existencia también ocupan su cerebro en determinar si existe ‘un número áureo’ para catalogar el tamaño del sexo masculino.

En esta ocasión, la búsqueda del pene perfecto residía en una preocupación objetiva en la búsqueda del placer de las mujeres heterosexuales cuando mantienen relaciones sexuales. En concreto, si la posición y forma del meato urinal (el orificio por donde sale la orina y esperma) resultaba determinante para ellas.

Así que, encontrada la excusa, el resto era ‘coser y cantar’. O sea, definir el tamaño de la muestra, el número de personas para participar en el estudio y el cuestionario de referencia. Y ahí sí pueden ser todo lo malpensados que quieran, ya que se incluyeron preguntas de todo tipo que, por supuesto, incluían las relativas al tamaño, grosor, vellosidad, forma del glande, escroto y, cómo no, posición y forma del meato urinal.

Vamos, un completito para descubrir como de soslayo la apariencia ideal del órgano genital masculino. Y a pesar de otros estudios que habían determinado que el tamaño sí importa y que ellas lo prefieren grande, este nuevo y más completo estudio arroja nuevas y sugerentes revelaciones.

Como por ejemplo que el grosor resulta más importante que la longitud. O sea, que el tamaño, como decía Krahe, es relativo, siempre y cuando alcance la circunferencia adecuada -tirando a grande-, o que la ausencia de pelo resulta más atractiva que los ‘bosques frondosos’.

Y como no podría ser de otro modo, la preocupación de los científicos que motivó el ‘sexudo’ experimento, ‘un carajo’ -con perdón- importaba a las participantes. No obstante, no se me vengan arriba, que el ‘tamaño de la muestra’ solo es significativo para percibir que en lo tocante al sexo, como decíamos al principio, todo es relativo, y que cada pareja acaba haciendo de su capa un sayo como norma general.

Como decía mi padre, y valga la metáfora, “el vino bueno es el que me gusta, no el que los catadores digan que es el mejor”. O sea, que lo que a algunas puede resultar fascinante, para otras puede ser de lo más desagradable.

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