ChapuAhora que tengo la suerte de disfrutar de un cachorro en casa, entiendo a aquellos que no paran de hablar de los progresos que hace su mascotilla y de lo inteligente que es. Pero no nos descentremos todavía. Una de las curiosidades de ver crecer a un macho es comprobar cómo, poco a poco, la testosterona se impone en su conducta a medida que se hace adulto.

Unos cambios que se manifiestan en su manera de interactúar con el entorno -incluido el resto de sus congéneres- y que llegan a la madurez en un punto: cuando levanta la pata para orinar. Entonces podemos decir que ya es un puro ‘machote’.

Pues se equivocan, porque lo primero que han de saber es que no todos los perros lo hacen, que no es marca de la casa, y que los hay que se pasan toda la vida haciendo una sentadilla para hacer sus necesidades menores.

Pero antes una explicación: los perros -y también las perras- orinan por dos motivos, para eliminar desechos y para dejar una marca en el territorio de su presencia. En el segundo de los casos, cuanto más alta quede la marca, más tiempo permanecerá el olor, más cerca quedará del hocico de los otros perros y más difícil será de borrar por las marcas de otros perros.

Es un mecanismo evolutivo desarrollado por muchos mamíferos y que tiene que ver, como decíamos al principio, con la testosterona, la hormona por excelencia masculina. Por cierto, que aunque castre a su perro, lo de levantar la pata es puro instinto y lo seguirá haciendo.

En las hembras, aunque se asocie mayoritariamente lo de marcar el territorio con los periodos de celo, también tiene que ver con su carácter territorial y su tendencia a ser un ejemplar alfa.

Por cierto, ¿ les he presentado ya a mi ‘Chapulín’?

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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