Siguiendo los principios de la física, si la energía no se destruye sino que se transforma y nuestro cerebro -en general nuestro organismo- es energía resulta que somos inmortales por necesidad. Ahora bien, nadie dijo de qué manera. Pero no vamos a escribir de energía si no de lo otro, de la inmortalidad.

La criogenía es la técnica que teóricamente permite la congelación de un órganos para devolverlo a sus funciones tiempo después. Y sin entrar en otro tipo de debates, lo cierto es que se están produciendo importantes avances en su desarrollo.

En el centro estadounidense 21st Century Medicine, sus investigadores informan de un importante paso para acercarnos a la inmortalidad, o por lo menos para acercarnos a la cura en un futuro de enfermedades que hoy resultan fatales de necesidad: han sido capaces de congelar el cerebro de un conejo y después lo hicieron funcionar.

Lo hicieron por medio de una técnica llamada criopreservación aldehído-estabilizada, donde el sistema vascular del cerebro es inyectado con un compuesto químico que permite mantener en buen estado los tejidos a temperaturas de -135 grados Celsius.

Tras el experimento, comprobaron que las sinapsis, las membranas celulares y las estructuras intracelulares del conejo, conservaban todas sus funciones y que las zonas de aprendizaje y la memoria no fueron dañadas.

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