Tag Archive: cambio climático


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Se le conoce como árbol emperatriz. Es originario de China y podría ser una eficaz arma para combatir el cambio climático. Este árbol, el  Kiri,  es capaz de absorber diez veces más CO2 que cualquier otra especie. Seguir leyendo

Escorpiones arquitectos

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La arquitectura y el diseño no son disciplinas exclusivas de los humanos. Si me apuran, podemos afirmar sin ningún tipo de rubor que las habilidades para la construcción son comunes a todas las especies y que la observación de cómo trabajan resulta a la postre una fuente de inspiración más que adecuada para realizar nuestros propios diseños.

Como casi todo, estas técnicas constructoras nacen de la necesidad. Es decir, resultan fruto del ambiente —que nos obliga a adaptarnos— y la evolución —que otorga a los más eficientes el don de la supervivencia—.

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Los peligros del deshielo

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Hace muchos, muchos años (miles), esa vieja bola llamada Tierra experimentó uno de los muchos cambios que ha sufrido a lo largo de su existencia y las temperaturas bajaron tanto en algunas áreas que se congelaron. Y con ella, todo resto de vida que habitaba en esos parajes en ese momento. Esa capa de hielo se denomina genéricamente permafrost y atrapó cualquier vestigio de vida, que permanece desde entonces allá en estado latente.

Pero hete aquí que, fruto de una descontrolada acción de los hombres y sus revoluciones industriales —amén de la propia dinámica de la Tierra—, el ciclo se está invirtiendo y las temperaturas están subiendo: llega el deshielo y vuelven a salir a la superficie esos organismos congelados.

No hace mucho, la mayoría de los medios de comunicación se hacían eco del nuevo habitante que ha despertado de su hibernación, un virus que tras 30.000 años aletargado por el hielo en Siberia, vuelve a la carga y con toda efectividad. Afortunadamente, los investigadores aseguran que este virus infeccioso es inocuo para humanos y animales, aunque no tanto para las pobres amebas.

El Pithovirus sibericum fue descubierto enterrado a 30 metros bajo el suelo congelado de Siberia y pertenece a una clase denominada como “virus gigantes”, porque pueden observarse con un simple microscopio.

Hasta aquí, estamos narrando una historia con final feliz: 30.000 años después, un ser vivo congelado puede resucitar: Pero el interrogante que se plantean los científicos —el terror, si lo prefieren— es cuántos patógenos como este pueden salir a la luz con el deshielo y, sobre todo, qué carga letal pueden contener.

No hace falta ponerse apocalíptico ni ejercer de agorero para suponer que las entrañas de la Tierra pueden albergar microorganismos en estado latente que podrían acabar con nuestra existencia; o, cuando menos, provocar importantes cambios en los ecosistemas tal y como los conocemos ahora.

Los científicos son especialmente pesimistas en lo tocante a la región originaria de este virus, Siberia, ya que es una de las zonas del planeta con una cierta importancia geoestratégica debida a sus presuntas reservas de hidrocarburos; es decir, una zona susceptible de explotación minera por parte de los humanos.

O sea, que tarde o temprano aparecerán grandes máquinas que irán dejando al descubierto a esas bellas durmientes de consecuencias desconocidas para la Humanidad.

Realmente, en nombre del progreso, ¿es necesaria esta receta para el desastre?

A. Luengo

Violencia y cambio climático

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No todo lo que pasa en el planeta tiene que ver con el cambio climático provocado por el efecto invernadero, aunque si miramos detenidamente encontraremos que detrás de la mayoría de los sucesos está la intervención —irresponsable— de la mano humana. Pero, sin duda, uno de los elementos claves para explicar la evolución de la vida en la Tierra tiene que ver con modificaciones que ocurren en el contexto, en los tradicionales hábitats, que hacen que determinadas especies se aboquen a la extinción o posibiliten la supervivencia de los especímenes mejor dotados.

Todos estamos habituados a vivir en determinados contextos, y en el caso concreto de los nuestros, estas pequeñas variaciones pueden acarrear nuevos comportamientos. O dicho de otra manera, el clima en el que estamos acostumbrados a soportar la existencia marca rasgos distintivos de nuestro carácter: los sociólogos sociales definen claramente estos mapas en función de la latitud —y lógicamente también de la cultura— donde nos haya tocado desarrollarnos.

Y dentro de esa caracterización, parece que existe una variable que íntimamente se relaciona con los cambios de temperatura: el calor afecta a las relaciones humanas y lo hace incrementando la violencia. Exactamente, a subidas de las temperaturas no naturales se produce un aumento de los conflictos sociales y la violencia.  Seguir leyendo

Olor a mar

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A pesar de que el romper de las olas frente al acantilado resulte un sonido y una imagen relajante, lo cierto es que no a todos les gusta el olor a mar. Sobre todo algunos, los de aguas más cálidas y al mediodía. Porque no todo el agua salada huele igual, y desde luego, no a todas horas.

Normalmente, cuando aprieta el calor al mediodía es cuando más podemos percibir ese desagradable olor. El responsable es una sustancia que se acumula en el interior del filoplancton, el dimetilsulfoniopropionato (DMSP).

Ahora, gracias al Instituto Australiano de Ciencias Marinas (AIMS) sabemos que también lo producen los corales. Una nueva vía de investigación que ha descubierto que es el primer animal que lo produce y le sirve para protegerse del aumento de temperatura de las aguas que está provocando el calentamiento global. Seguir leyendo

El punto y final de la vida en la Tierra

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De momento, ni se agobie ni reserve inmediatamente sus billetes para el próximo vuelo destino Marte. Parece que la vieja Tierra, incluso a pesar de nosotros, nos quiere seguir dando acogida en su seno durante un periodo largo de tiempo… al menos unos 1.750 millones de años.

Como contrato de alquiler no está mal. Sin duda, nos deja un margen de tiempo suficiente como para poder cambiar, evolucionar o sencillamente buscarnos otros mundos que destrozar. Eso al menos es lo que han calculado un grupo de astrobiólogos del Reino Unido. Ahora bien, hay que matizar que este cálculo está hecho en base la posibilidad de que haya agua líquida en la superficie en base a la distancia del Sol y de las temperaturas que pueda soportar. Seguir leyendo

El calor y la genética

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Año tras año, en este hemisferio al menos, las moscas nos anticipan la llegada del calor y del verano. Pacientes y contumaces, se van adueñando de todos los lugares y sus zumbidos y presencia nos alertan de que las altas temperaturas se acercan para quedarse con nosotros durante una temporadita. Las muy puñeteras parece que están inmunizadas ante el calentamiento global y allá están, dispuestas a posarse sobre cualquier parte de nuestra anatomía.

Pues no crean, ellas también lo pasan mal por ese cambio climático que estamos provocando los humanos. Y lo sabemos porque quizás, tras nosotros, se trata de los animales que más estudiados tenemos. Desde hace casi cuatro décadas —37 años, para ser exactos— diversos equipos de científicos monitorizan la evolución de la mosca común —en lenguaje técnico, la Drosophila suboscura—, así que tenemos información sobre ellas para aburrir. Seguir leyendo

Una de elefantes y hormigas

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La mitología atribuye a uno de los mamíferos terrestres más grandes que pisan la tierra un temor reverencial a determinados animales muy, muy pequeños, como ratones u hormigas. Forma parte de esa leyenda de que lo diminuto puede con lo enorme y la inteligencia derriba el muro de la fuerza. En definitiva, el mito de David contra Goliath.

Parece demostrado, al menos en Kenia, que los elefantes no se acecan a las acacias por miedo a sufrir ataques de las hormigas. De un tamaño casi un millar de veces menor, estos insectos mantienen a raya a los glotones paquidermos.

No crean que se trata de una lucha de un individuo contra otro, pero se acerca bastante al modelo. Las columnas de hormigas que se instalan o utilizan los troncos y ramas de las acacias para alimentarse de sus frutos o para encontrar refugio se han convertido en sus principales guardianes. Es decir, compiten por tan codiciado y suculento manjar con los elefantes. Para defender su territorio las hormigas atacan el verdadero talón de Aquiles de sus rivales: su trompa, que además de gran nariz les vale como brazo articulado para proveerse de los alimentos y llevarlos a su boca.  Seguir leyendo

La Biblia, sin adentrarnos en otro tipo de consideraciones, es una magnífica pieza literaria donde podemos hallar preciosas narraciones y precisas descripciones que nos dan pistas de cómo era la vida hace varios miles de años. Uno de los pasajes del Antiguo Testamento que más llama la atención de los científicos se centra en las diez plagas de Egipto con las que castigó Yaveh —que por cierto tenía un pronto que caray— al faraón Ramsés III por mantener cautivo en sus tierras al pueblo elegido comandado por Moisés.

La naturaleza y las catástrofes naturales, con o sin intervención de los designios divinos, han condicionado y condicionan la vida de los humanos. La posible erupción volcánica en la isla de El Hierro (Canarias) y sus consecuencias en forma de catástrofes naturales ocupan multitud de páginas a lo largo de estos meses de 2012. La desaparición parcial de la isla de Santorini hace unos 3.600 años por una violenta erupción volcánica, pudo ser la protagonista de ese pasaje del Libro Sagrado. Seguir leyendo

El hielo, entre otras muchas propiedades, tiene una ventaja para los aficionados a las colecciones. Permite atrapar todo tipo de elementos y conservarlos tal cual quedaron en el momento de su congelación. Esta cualidad, entre otras cosas, ha permitido a los paleontólogos estudiar especies que quedaron congeladas miles de años atrás y a los escritores disparar la imaginación sobre seres congelados que vuelven a la vida tras su correspondiente paso por la estufa.

En términos medioambientales, además de conservar reservas de agua (oxígeno e hidrógeno), ha permitido atrapar gases, cuya expansión a la atmósfera nos hubiera llevado al apocalipsis.

En concreto, el metano, cuyo efecto invernadero es veinte veces superior al que provoca el dióxido de carbono. Pacientemente, la naturaleza ha ido guardando inmensas bolsas de este gas bajo superficies heladas. Teniendo en cuenta que dos (las que tuvieron lugar hace 55 y 211 millones de años) de las cinco grandes extinciones de especies que han sucedido en el planeta se deben a liberaciones masivas de metano, no resulta dificil atribuirle una función vital para que la vida, tal y como la conocemos, se preserve.  Seguir leyendo

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