Tag Archive: empatía


Bostezo contagioso, ¿empatía?

bostezo

El bostezo es un acto que practicamos casi todos los mamíferos. Se trata, en función de cada especie de un reflejo que relata un estado de ánimo, y no sólo de aburrimiento. Por ejemplo, en los canes, puede significar un síntoma de estrés. Seguir leyendo

Macacos cariñosos

macaca

Nada resulta tan gratificante como una mano amiga en el hombro cuando estamos atribulados por problemas o, simplemente, cuando tenemos miedo o angustia. Conscientes de que el dolor es algo que se vive en primera persona y que difícilmente se puede mitigar en compañía, no es menos cierto que ese calor resulta más que reconfortante.

En el fondo y entre otros rasgos diferenciales frente a otras especies, a los humanos nos gusta marcar esa distancia con el resto por nuestra capacidad de sentir en tercera persona; es decir, por desarrollar sentimientos de empatía, que siempre se manifiestan en una doble dirección: las víctimas sienten alivio por esas muestras de afecto y, por otra parte, siempre parten de sujetos que sienten por la víctima cariño (amistad). Seguir leyendo

Empatía y testosterona

testorsterona y empatia

Una reciente campaña publicitaria se basa en que a las mamás no hay quien las engañe, que saben lo que hacemos incluso antes de que pensemos hacerlo. Con independencia del mensaje publicitario, lo cierto es que el spot llamó mi atención y, como padrazo, me asaltó una duda. Por mucho que me esfuerce con el peque, rara vez supero a su mamá.

De hecho, si hiciéramos una encuesta sobre una imagen que nos traslade protección, compresión y cuidados, seguro que la mayoría optaría por señalar la de una madre con su hijo en brazos.

Así que, retorcido que es uno, y pensando que el tópico siempre responde a una parte de verdad, me puse a rebuscar en mi biblioteca artículos sobre la empatía, que en definitiva resume esa capacidad de ponerse en lugar del otro, de anticiparse a sus sentimientos y, si me apuran, sentir un mayor grado de solidaridad. Seguir leyendo

Crimen y castigo

crimen y castigo

Cuando a través de los medios de comunicación contemplamos los testimonios de los familiares de víctimas de asesinatos reclamando venganza —legal se entiende— por la atrocidad innecesaria a la que se ven sometidos y lamentándose de que los castigos que impone el sistema a quienes se saltan la ley de manera tan flagrante son demasiados suaves, resulta muy difícil no sentir una cierta empatía por sus sentimientos.

Es la eterna lucha entre lo que nos dicta la conciencia y el corazón. El ojo por ojo de la famosa ley de Talión que nos pide el cuerpo es incompatible con el “odia el delito y compadece al delincuente” de la doctrina jurídica que, bienintencionadamente, persigue mediante la reinserción conseguir una sociedad más justa y de mejores personas.

Sobre todo, cuando nos enfrentamos a la personalidad del psicópata; esos seres incapaces de albergar ningún tipo de remordimiento por sus criminales actos y que ni sienten ni padecen ante el dolor ajeno. Parece que ante ellos, el resto de la sociedad estamos desarmados.  Seguir leyendo

aggressive

Toda moneda tiene dos caras. En el comportamiento humano esas dos facetas, ese ying y yang, se traduce en que siempre existe un antagonismo: lo bueno y lo malo… Lo realmente curioso es que parece que los caminos por donde surcan este tipo de emociones, la positiva y la negativa, suelen transcurrir en paralelo por nuestro cerebro y gozan de numerosos elementos comunes.

Esto ya se demostró en relación al amor y al odio y las investigaciones en curso también prueban este denominador común entre la empatía y la agresividad o violencia. La especie humana se puede considerar como la más violenta de las que pueblan el planeta —somos capaces de matar por el mero placer de hacerlo y además estas atrocidades las ejecutamos en masa— pero también resultamos los animales más empáticos —somos capaces de ponernos en lugar de quien tenemos enfrente y asimilar sus sentimientos—. Seguir leyendo

Solo les faltaba hablar

OLYMPUS DIGITAL CAMERAA nuestras mascotas caninas les conferimos un carácter rayando en lo humano. Hay quien los considera no solo uno más de la familia, sino “humanos con pelo”, como un hijo con carácter de permanente indefensión, lo que les otorga encanto añadido. Su empatía, que supera muchas veces la de las personas con quienes convivimos (“es porque no son rencorosos”, dicen algunos) nos hace en ocasiones exclamar: “¡Solo le falta hablar!”.

De la lista de habilidades que los dueños soñamos conceder —y que algunos consiguen— a nuestros compañeros podríamos enunciar: que aprendan a usar el inodoro, que  crucen las calles solos y traigan el periódico y el pan sin zampárselo por el camino, que utilicen su peluda cola para quitar el polvo y abrillanten el parqué con sus patitas y un trapo… La lista puede ser interminable, dependiendo de la excentricidad y originalidad del dueño. Casi todas esas cosas las consideramos posibles con adiestramiento, salvo que nos digan lo que sienten; eso pretendemos inferirlo de su comportamiento. Conozco una mestiza cuya dueña asegura que siente vergüenza cuando le pone un collar rojo intenso y, en protesta, rechaza salir a pasear; y  al dueño de un braco alemán que afirma que bosteza cuando se estresa.

La industria, conocedora de nuestra debilidad, no duda en promover avances y estudios científicos para rentabilizar esta flaqueza. El último nos deja atónitos.  Seguir leyendo

Indiferencia felina

cat tumbado

Que son un poco engreídos, indolentes  o arrogantes no nos cabe duda —aunque siguen siendo adorables—. No se me vayan por la tangente, que no hablo de hombres, sino de gatos. Son conscientes de nuestra presencia, nos oyen perfectamente pero aun así eligen ignorarnos. Bueno, en todo momento no, que son absolutamente solícitos cuando de lo que se trata es de reclamar su comida.

Un grupo de japoneses ha confirmado que, voluntariamente, aunque les llamemos insistentemente, nuestros amigos los gatos pasan olímpicamente de nosotros. Forma parte de su carácter o, mejor dicho, de su pasado esplendor de animales salvajes no domesticados. El concienzudo estudio made in Japan analizó de manera minuciosa todas sus reacciones ante las voces humanas, las de sus amos y las de desconocidos. Seguir leyendo

Vergüenza ajena y propia

verguenza

Desde niños aprendemos, unos más que otros, a sentir vergüenza. La educación se encarga de regular esta y otras emociones. La vergüenza es un estado desagradable que desconecta temporalmente a las personas unas de otras. Cuando algo nos avergüenza, nuestro organismo responde con una reacción física; encoger el cuerpo y bajar los ojos. Estas mismas manifestaciones pueden darse cuando contemplamos a otra persona realizando un acto que nos avergüenza a nosotros. Y es que  las situaciones que despiertan nuestra vergüenza ajena tienen mucho que ver con la vergüenza propia, la que hemos interiorizado.

La neurociencia cognitiva se interesó, desde su nacimiento, por el estudio de los mecanismos neurológicos implicados en los procesos psicológicos, entre ellos las emociones sociales, que caracterizan la cognición humana. Ahora los investigadores  han encontrado  por primera vez la base neuronal de la vergüenza ajena. El estudio realizado por el científico alemán Frieder Michel Paulus concluye, utilizando formularios para medir la conducta junto a  las habituales técnicas de resonancia magnética funcional, que cuando sentimos vergüenza ajena se ponen en marcha las mismas zonas cerebrales, corteza insular y córtex del cíngulo anterior, que se relacionan con otros momentos empáticos, como ante el dolor ajeno. Seguir leyendo

elephant

Morir por amor, por la pérdida de un ser amado… qué bonito sentimiento, digno de folletines, de obras literarias reconocidas como Romeo y Julieta y que forma parte de las leyendas, tales como la de los amantes de Teruel o el doncel de Sigüenza. También, de vez en cuando, se abren paso en las abigarradas páginas de los periódicos noticias de algún animal de compañía que padece la desaparición de uno de sus amos.

Pero, sinceramente, creo que hay que ser más abiertos de miras y observar con atención a nuestro alrededor. Comprobaremos que estos comportamientos no solo son extensibles a humanos y animales que somos capaces de domesticar, como perros, gatos o aves. Por ejemplo, los elefantes también sufren por amor. Seguir leyendo

La moral de los animales sociales

monkey

El ser determina la conciencia, dicen los clásicos, y el ser social podría ser el desencadenante de un proceso evolutivo que permitió a los humanos, entre otros aspectos, seguir un camino diferente que nos ha llevado —de momento— hasta aquí.

No somos los únicos especímenes que viven en comunidad, pero sí los que han alcanzado un grado de sofisticación mayor en sus relaciones. Aun así, desde hace tiempo, los etólogos y otros especialistas en el estudio de los animales están descubriendo que alguno de los atributos que nos atribuíamos en exclusividad —como la empatía, la justicia o la moral— no lo son tanto y que pueden ser rasgos comunes a todos los animales que tendemos a vivir en colectivos.

Esta cuestión hace que, una vez más, cobre actualidad la famosa pregunta: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Y que se ponga en cuestión si lo que denominamos pomposamente ética o moral sea fruto directamente de vivir en colectividad y no una consecuencia de nuestra mayor inteligencia o capacidad cognitiva.  Seguir leyendo

A %d blogueros les gusta esto: