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Chiclar o no chiclar

chicles 

Desde que a la tierna edad de 8 años fui sometida a mi primer proceso desintoxicante de la aberrante compulsión de chuparme el dedo, llevo en mi haber el abandono con éxito de varios malos hábitos. A saber, mordisquearme las uñas, el regaliz rojo, la leche condensada, el chocolate blanco, los bollos de crema, el regaliz rojo (es que soy reincidente), las pipas, las chips, fumar, el regaliz rojo (es que no hay quien se resista a él)… y todos me parecen hoy sustitutos de ese mi primer vicio.

En mi ayuda para sobrellevar monos, hambres y aburrimientos, han acudido varios amigos compensatorios; uno de los indispensables ha sido siempre el chicle. Y es que… ¿quién no se ha llevado a la boca ese pequeño masticable en algún momento de su vida para entretener el apetito, alargar el espacio que separa dos cigarros, combatir el mal aliento o disimular otros olores que impregnan nuestra cavidad oral y que no quieres admitir (ese chicle antes de entrar en casa para que los papis no se enteren de…)? Seguir leyendo

Ayunar es malo para perder peso

Basta con ponerse a dieta para que te apetezca todo aquello que te ha prohibido el nutricionista. Seguro que a ustedes les pasa lo mismo. Es el maldito cerebro, que nos recuerda que las pizzas, los chuletones, las tartas… están buenos, pero que muy buenos. El cerebro y otro aliado: el estómago, que también juega su papel en esto de desear alimentos ricos en calorías.

Porque cuando el estómago está vacío, activa una región del cerebro, la corteza orbitofrontal (una de las regiones cerebrales menos estudiadas), donde se focaliza la toma de decisiones y la formación de expectativas; en concreto, es la zona que regula la planificación de la conducta asociada a las ideas de recompensa y castigo.

Pero no nos distraiguemos de nuestro asunto. Decíamos que cuando nuestras tripas rugen le mandan señales solicitando ayuda al cerebro, le dicen claramente que se está acabando el combustible para funcionar y le exigen que tome decisiones. Y no solo a corto plazo, parece que le exige que la comida que se ingiera sea la más abundante en calorías.  Seguir leyendo

La gran hormona

A veces con la información ocurre lo mismo que con la medicación… si se le añade el prefijo auto, se puede convertir en algo peligroso. Si la automedicación puede convertir en perjudicial algo beneficioso para la salud, una mala autoinformación puede hacernos acabar con una empanada de tal calibre que nos acabe confundiendo.

En estos tiempos en los que se preconiza la cultura de lo sano, de lo saludable y donde en cierto modo se vive una entronización de las hormonas y las vitaminas, hasta hace poco unas desconocidas y ahora elevadas a la categoría de bálsamo de Fierabrás, hay que tener mucho cuidado con tirarse al monte y confeccionar su propia receta para liberarnos de determinado mal o para potenciar determinadas actividades como aumentar la potencia sexual.

Ciertamente, la alimentación cumple un papel fundamental en la vida sexual de los humanos, pero de ahí a confeccionar una dieta a base de apio, carne, huevos, arándanos, nueces y helados para convertirnos en máquinas amatorias va un abismo.  Seguir leyendo

Por qué conviene no estresar a tu abuelo

Foto de Click

El estrés crónico provocado por eventos desagradables en la vida de las personas mayores provoca una reducción significativa de la actividad de los neutrófilos, con lo que se desarrollan más infecciones y otros problemas de salud. Estas son las conclusiones de un interesante estudio sobre la salud de las personas mayores y el impacto de nuestro actual estilo de vida caracterizado por un estrés crónico.

Dicen que no hay mayor satisfacción que la que reporta ver el desarrollo de tu descendencia y, a tenor de la alegría que exudan las personas mayores que se convierten en abuelos y abuelas, ver crecer a tus nietos. Sin embargo, en un país como España, donde cada vez hay más personas mayores, además de alegría de disfrutar de la familia, observamos una lista terrible de preocupaciones y experiencias dañinas.

Por ejemplo, ver a tus hijos intentarlo y volver a chocarse contra el muro del desempleo; ver que tu salud, por la que has pagado con tu trabajo durante muchos años, pende de un hilo y encima ahora empiezan a cobrarte extra; o revivir recuerdos de épocas oscuras del paso que temes ver repetirse en el presente… En definitiva, hay mucho estrés.  Seguir leyendo

Sus cualidades tonificantes para el organismo, su bajo precio, que no es asunto baladí en estos tiempos de crisis, y su fácil preparación parece que han dado una segunda oportunidad a la limonada, un brebaje hecho a base de zumo de limón, agua, hielo y un poco de azúcar que sucumbió ante el avance de las bebidas con burbujas.

Una bebida servida en toscos vasos de cristal e interminables jarras que evoca largas tardes de verano, tanto en las playas como en la montaña, y que acompañaba las meriendas de los más pequeños y las partidas de cartas, dominó o animadas conversaciones en porches y veladores de los más mayores.

Originario de India y China, el limón llegó a la vieja Europa de la mano de los árabes en el siglo VII y de los conquistadores españoles del XV al otro lado del charco. Sus propiedades curativas eran largamente conocidas y su poder tonificante bastante reconocido, tanto que dio origen a semejante refrán castellano: “Limonada que trasiego, judío que pulverizo”.

Pero como no se trata de hacer un repaso histórico de esta fruta ni de esta bebida y como cada cual tiene, seguro, sus propios recuerdos asociados a un refrescante vaso de limonada les proponemos cinco razones para que no la destierre de sus recetas estivales.  Seguir leyendo

Cuando nuestros antepasados deambulaban por la Tierra, evolucionando, implementando el uso de herramientas, cazando o evitando ser cazados, etc, no tenían acceso a las ingentes cantidades de carbohidratos que ingerimos actualmente.

La revolución industrial, el advenimiento del consumismo y de la producción en masa han evolucionado a un ritmo totalmente fuera del alcance de nuestra genética. Si bien hemos sido capaces de prolongar la esperanza de vida gracias a los avances en medicina, principalmente por la erradicación de enfermedades infecciosas y el avance en la cirugía, hemos desarrollado un estilo de vida absolutamente patológico.

La actividad física que realizamos (que es insuficiente), la alimentación que practicamos y la exposición a contaminantes que sufrimos están mostrando ser el meteorito susceptible de erradicarnos como especie, al igual que ocurrió con los dinosaurios.  Seguir leyendo

“Unos pican y otros no”, seguro que el final de esa coletilla aplicada a determinado tipo de pimientos les sonará a muchos. A bote pronto, la primera explicación que se podría dar es que se trata de variedades distintas de una misma especie, unas con picante y otras sin él, que se mezclan en los cultivos, se recolectan a la vez y se cocinan en un mismo proceso.

A partir de ahí, el azar hace el resto: que nos abrasemos el paladar al comer uno o que degustemos un sabor que no nos haga beber rápidamente o comen pan para evitar la picazón.

Pero no es así, todos son hermanos y, por lo tanto, son genéticamente iguales. No queda otro remedio que aplicar nuestros conocimientos de química y estudiarlos por dentro para destripar la verdadera razón por la cual, tratándose de una misma especie, presentan esas reacciones particulares. Seguir leyendo

Una de las consecuencias de la llegada del calor, de modo general, es la sensación de tener menos hambre; como que apetece comer cosas menos pesadas y más suaves, ¿no? Este cambio de metabolismo puede ser obra del alza de las temperaturas… o de ese chivato inmisericorde en forma de espejo, que rebota una imagen distorsionada del cuerpo con menos líneas rectas y mayores y pronunciadas curvas.

Entonces, además del “juro que jamás me atiborraré el próximo invierno”, nos encomendamos al milagro de las dietas que patrocinan con mayor o menor éxito los famosillos de turno o a esa confidencia que nos hace algún taimado amig@, que nos recomienda seguir los pasos para someternos a determinados martirios gastronómicos. Que comprobemos —nos susurrra al oído— cómo a fulanit@ le ha funcionado, que está estupend@, al tiempo que nos recuerda que avanzamos peligrosamente hacia la forma de campana en nuestra anatomía.

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Alimentación y cáncer

“El cambio de la dieta del hombre de las cavernas —consistente en grasa, proteína, algunos vegetales, raíces, semillas, unas pocas frutas y, rara vez, otras fuentes de carbohidratos— hacia una nutrición dominada por los carbohidratos, provenientes principalmente de granos, habría ocurrido en un periodo demasiado corto como para permitir que sucedan las adaptaciones genéticas necesarias que modificarían nuestro metabolismo”.

Esta es una de las descripciones, bajo mi punto de vista, más sencillas para explicar lo que nos está pasado como especie. Pertenece a un estudio que revisa las evidencias existentes sobre los probados beneficios de reducir la ingesta de carbohidratos para prevenir el cáncer, así como herramienta terapéutica contra él. Se centran en los factores de crecimiento relacionados con la insulina (IGF-1) y aportan más información sobre la alimentación para dichos casos.

Que las células tumorales consumen mucha más azúcar y a más velocidad se sabe desde hace más de 80 años. En 1921, A. Braunstein publicó un trabajo al respecto. Además de la predilección por el azúcar de las células tumorales, estas llevan a cabo la glucólisis de forma anaeróbica (sin necesidad de oxígeno), produciendo grandes cantidades de ácido láctico.  Seguir leyendo

Un yogur contra la depresión

La ingesta de un yogur al día, aunque no tenga entre sus ingredientes esos bífidus que la publicidad machaca -con famoso de turno de activo promotor- como remedio natural a los problemas de tracto intestinal, es un hábito alimenticio saludable porque contribuye a regenerar la flora bacteriana intestinal, tan necesaria para su buen funcionamiento.

Está formada por bacterias que, por una parte, ayudan a digerir los alimentos y por otra se encargan de defender al intestino de posibles infecciones. Una mala alimentación o tomar un exceso de antibióticos contribuyen a su desequilibrio ocasionando problemas para la salud que nos vuelven más vulnerables. Surgen, entonces, las diarreas, los problemas estomacales o una sensación de debilitamiento general.

Mantener la flora en su sitio es relativamente sencillo. Basta con consumir alimentos ricos en fibra —la gama es bastante amplia– y lácteos. Estos últimos contienen lactobacilos, un tipo de bacteria que se adhiere a las paredes del intestino y forman una barrera natural que evita que otras bacterias más dañinas se asienten en él. La fibra mejora la asimilación de los lactobacilos.  Seguir leyendo

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