Periódicamente, el ser humano se dedica a revisar sus hábitos alimenticios y los pone boca arriba: lo que antes era bueno ya no lo es tanto y surgen con fuerza nuevos productos que sustituyen a los anteriores. ¿Descubrimientos científicos, intereses comerciales o sencillamente marketing? De un tiempo a esta parte, la leche (y alguno de sus derivados) parece estar en el foco de mira.

El primer argumento de sus detractores es irrefutable: somos la única especie que consume este producto en edad adulta, y además, procedente de otras (de vaca fundamentalmente o de cabra). Es decir, que somos raritos si nos comparamos con el resto de los animales, que solo la ingieren de peques. Resulta obvio explicar lo rica en nutrientes que es la leche maternal, pero solo para quienes están en edad de crecer. Sigue leyendo